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ARS AMANDI
A Ernesto Cardenal
Yo nací también para un amor extremista.
Y conozco a tantos y tantas que buscan ese amor
y no lo encuentran. Y cuántas y cuántos
que sin saberlo siquiera, lo poseen.
Yo, que no soy deidad, ni mucho menos,
pero que soy mujer
entrenada en el amor desde en los tiempos de la Diosa,
puedo asegurarlo: quienes amamos
vivimos en universos paralelos.
Sin conocer a Dios, sé lo que es dar vida
dando ya la muerte.
Que salga desde dentro de mí una criatura
diferente a mí, pero que es mi reflejo—
independiente de mí, pero perteneciéndome.
El amor espiritual
no es sentimental ni mercenario.
Me atrevo a decir que el amor por la criatura propia
también puede ser perfecto:
ni aridez ni ausencias lo doblegan.
Amar a Dios como opuesto
porque lo opuesto se junta: Simbiosis mística.
El celibato es matrimonio.
Los que amamos somos eternamente célibes.
La dulzura del enamoramiento es pasajera.
Una tarde en París, a la luz del otoño,
parejas apasionadas en cines, parques, plazas,
me hicieron llorar. Y son incontables las veces
que las caricias de otros me conmueven.
Está fuera del juego erótico . . . y no me río.
Probó ya nada menos que el placer Divino,
tan intenso como un dolor insoportable,
tan definitivo como morir en vida.
Dios y su alma fundidos en la caricia sin tacto:
la perfección del erotismo puro.
Pero la historia de un amor verdadero
es siempre una historia de amor y soledad.
De honda soledad, de soledad sola, así, parada en seco.
La suerte de ser correspondido.
Sor Juana, por ejemplo, también amó en extremo
y Dios no le dió entrada. El cielo se cerró hostil
al ambicioso vuelo de su espíritu.
La noche de Sor Juana fue en verdad oscura,
noche inmensa, construída a pulso sobre el vacío.1
Experto en erotismo sin los sentidos,
debe entender la angustia del poeta Bandeira
por su alma, que le arruinaba el amor
al no encontrar satisfacción
en otra alma.
Las almas —decía, son incomunicables.
Y también dijo: . . . al contacto de mis manos lentas,
la sustancia de tu carne
es igual a la del silencio.2
Si de no esperar nada se trata el amor místico,
puedo entenderlo:
La sustancia del amor está hecha de silencios,
de plenitud de ausencia.
Sin vislumbrar el Rostro de la Belleza,
amo lo bello efímero,
pero también amo lo que no es:
. . . que unos párpados cerrados
recuerden un poema de Eluard
y que se acaricie en unos brazos
alguna cosa más allá de la carne, que se los toque
como al ámbar de una tarde.3
Lo erótico va más allá del cuerpo.
El que amo ha de morir, y yo moriré también.
En el gozo del más íntimo abrazo
tiemblan estremecidos nuestros cuerpos
que morirán, no importa cuánto nos amemos.
Pero mi amor no se engorda ni aburguesa,
y el rostro del amado, para mí, no envejece.
Amar aceptando que no poseo al otro,
y que yo me pertenezco sólo a mí misma.
Nuestros cuerpos se unen
respondiendo al deseo con el deseo,
pero nunca serán un sólo cuerpo.
Amar sin miedo a la soledad
y al tiempo.
Los convencionalismos son enemigos del amor.
Vivir en el amor es asumir los riesgos.
Inauguraron el nuevo mausoleo
donde reposará Su Eminencia.
Asistió: “. . . toda la clase política,
que se dieron la paz y se abrazaron.”
(Una secuencia de Fellini.)
Afuera, bajo el crisol del sol, la multitud espera:
Las tres cuartas partes de los grandes momentos históricos
se han pasado, en todas partes, esperando.4
Jerarcas y políticos son enemigos del amor.
Han idealizado el poder de la espada,
pero hablan en nombre de Dios y del amor,
y viven de eso.
La transformación del sistema, ni usted ni yo la veremos.
La multitud, en todas partes, sigue esperando.
Mujeres de los políticos, me dan lástima.
(¿Creerán en ellos?)
Compañeras clandestinas de curas y jerarcas,
me dan más lástima.
Entiendo su renuncia por amor a Dios
porque es amor verdadero.
(Usted no esconde a ninguna pobre mujer bajo su cama.)
Renuncia y entrega también es amor.
(Por eso nunca entendí el poder.)
Conozco a extremistas del amor
que ni siquiera tienen el consuelo divino,
ni el poder,
sólo el poder de su amor extremo.
No todos los versos de amor se escriben en vano.5
4 Marguerite Yourcenar, Le Labyrinthe du monde III: Quoi? L’Etérnité (1988).
Muchachas que algún día leáis emocionadas estos versos
y soñéis con un poeta:
sabed que yo los hice para una como vosotras
y que fué en vano.
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